Mucho después de que el manuscrito del sermón se haya extraviado y la grabación se haya desvanecido en los archivos de internet, lo que permanece son las realidades silenciosas y cotidianas de la vida pastoral, las cuales moldean a las personas mucho más de lo que a menudo nos damos cuenta.
En una era en la que los sermones pueden descargarse, fragmentarse, compartirse y olvidarse en cuestión de horas, resulta fácil para los pastores y los plantadores de iglesias pensar que nuestra influencia principal proviene de nuestra predicación. Ciertamente, la predicación es importante; la fe viene por el oír la Palabra de Dios. Pero, si somos honestos, la mayoría de las personas no recordará la mayor parte de los sermones que predicamos.
Lo que sí recordarán es la vida que respaldaba a esos sermones. El rebaño que pastoreamos nos observa de cerca. No solo escuchan lo que predicamos, sino que aprenden a seguir a Cristo observando cómo vivimos nosotros.
Mucho después de que el manuscrito del sermón se haya extraviado y la grabación se haya desvanecido en los archivos de internet, lo que permanece son las realidades silenciosas y cotidianas de la vida pastoral, las cuales moldean a las personas mucho más de lo que a menudo nos damos cuenta.
A continuación, presentamos seis cosas que, muy probablemente, perdurarán más que tus sermones:
1. La manera en que modelaste el arrepentimiento
Las personas necesitan vernos modelar la debilidad, buscar el perdón, confesar nuestros pecados y vivir vidas de arrepentimiento. Estas verdades bíblicas no se aprenden únicamente a través de la enseñanza de las Escrituras, sino también observando cómo los líderes las ponen en práctica en su propia vida.
Pablo le dijo a la iglesia de Corinto que llegó a ellos “con debilidad, con temor y con mucho temblor” (1 Corintios 2:3). Aquellos que siguen a Cristo necesitan ver esa misma humildad en nosotros.
Necesitan ver a los pastores confesar su impaciencia, reconocer su orgullo y apoyarse en la gracia de Dios. Necesitan vernos en nuestra debilidad.
Especialmente en las iglesias jóvenes, este tipo de humildad moldea la cultura de toda la congregación. Es posible que las personas olviden los puntos de tu sermón, pero recordarán a un pastor que caminó con humildad ante el Señor.
2. La manera en que caminaste a la semejanza de Cristo
Las personas pueden percibir cuando alguien ha estado con Jesús. Lo escuchan en sus palabras y lo ven en sus afectos. Hay una cierta fragancia del Espíritu Santo sobre su vida. Nuestras vidas deben señalar a las personas hacia Cristo, al igual que lo hacen los sermones que predicamos.
Pablo les dijo a los corintios: “Imítenme a mí, así como yo imito a Cristo”
1 Corintios 11:1.
Los plantadores de iglesias marcan el tono espiritual de la iglesia que están formando. A menudo, los ritmos, las prioridades y el hambre espiritual de las personas reflejarán la vida del pastor que las lidera. La gente siempre recordará a aquellos que caminaron tan cerca de Jesús que inspiraron a otros a hacer lo mismo.
3. La manera en que brindaste toda tu atención
Vivimos en una era de distracción constante. Nuestra capacidad de atención se está reduciendo, y cada vez resulta más difícil concentrarse en la persona que tenemos justo enfrente. Esto es especialmente evidente en nuestras conversaciones. Es fácil asentir con la cabeza, echar un vistazo a nuestro alrededor y decir “sí” mientras apenas prestamos atención.
Pero cuando leemos los Evangelios, Jesús nunca parecía tener prisa al tratar con las personas. Era paciente, hacía preguntas, escuchaba y estaba plenamente presente.
La gente recuerda cuando un pastor les brinda toda su atención. Recuerdan cuando dejaste el teléfono a un lado, detuviste lo que estabas haciendo y escuchaste de verdad.
Puede que olviden el sermón que predicaste ese domingo, pero recordarán los momentos en que los hiciste sentir vistos y valorados.
4. La manera en que amaste a tu familia
La gente siempre está observando cómo tratas a tu familia. Escuchan la forma en que les hablas a tus hijos y notan el afecto que demuestras hacia tu esposa. Muchas personas que llegan a la fe en Cristo nunca han visto de cerca una familia piadosa. Es posible que tu familia sea la primera que observen. Sin duda, ese fue mi caso.
Llegué a la fe en Cristo mientras estaba en prisión. Antes de eso, crecí en un hogar monoparental y conocí, en su mayor parte, la desintegración y la disfunción. Cuando regresé a casa y me vinculé con una iglesia en el oeste de Filadelfia, fue la primera vez que pasé tiempo significativo rodeado de familias piadosas.
Nunca había visto a padres guiar a sus familias en oración. Nunca había visto a un esposo pastorear su hogar con amor. Nunca había visto a una familia reunirse regularmente alrededor de la mesa para cenar.
No aprendí lo que significaba ser un esposo piadoso principalmente a través de sermones; lo aprendí observando a hombres piadosos liderar a sus familias.
Es posible que, justo ahora, haya algunos “Jon Kellys” sentados en tu iglesia. Puede que tus sermones los impacten, pero tu amor por tu familia los moldeará mucho más de lo que imaginas.
5. La manera en que formaste discípulos
En el ministerio, a fin de cuentas, producirás una de estas tres cosas: admiradores, robots o discípulos.
Los admiradores simplemente disfrutan de estar cerca de ti y de escucharte predicar. Los robots sirven fielmente, pero operan mayormente como voluntarios orientados a la realización de tareas. Los discípulos, sin embargo, son creyentes que han alcanzado la madurez espiritual y ahora ayudan a otros a hacer lo mismo. Pablo le dio a Timoteo el modelo:
“Lo que has oído de mí en presencia de muchos testigos, encárgaselo a hombres fieles que sean capaces de enseñar también a otros”.
2 Timoteo 2:2.
La plantación de iglesias puede verse fácilmente consumida por la presión de reunir a una multitud y mantener el impulso. Pero la verdadera medida del fruto a largo plazo no es cuántas personas asisten a tu iglesia, sino cuántas personas están equipadas para llevar la misión adelante.
Tus sermones pueden desvanecerse, pero los discípulos que formas llevarán la misión mucho después de que tú ya no estés.
6. La manera en que viviste para el mundo venidero
No hay nada de malo en tener cosas buenas. El problema surge cuando las cosas buenas te poseen a ti. Pablo le recordó a Timoteo: “Pero gran ganancia es la piedad acompañada de contentamiento; porque nada hemos traído a este mundo, y sin duda nada podremos sacar” (1 Timoteo 6:6-7).
Los pastores que viven con sencillez, contentamiento y una perspectiva eterna predican un sermón con sus vidas cada día. Sus prioridades revelan que no están cautivados por este mundo, sino por Cristo y Su reino.
Como dijo Pablo: “En efecto, este es nuestro motivo de orgullo: el testimonio de nuestra conciencia de que nos hemos conducido en el mundo con sinceridad y pureza piadosas, no con sabiduría humana, sino con la gracia de Dios”
2 Corintios 1:12.
Es posible que la gente no recuerde cada sermón que tú predicaste. Pero recordarán la vida que tú viviste. Y para los plantadores de iglesias que se esfuerzan semana tras semana por construir algo que perdure, este es un recordatorio poderoso: el sermón más perdurable que jamás predicarás tal vez no provenga en absoluto de tu púlpito. Provendrá de la vida tranquila, fiel y centrada en Cristo que tú vives ante las personas que Dios ha confiado a tu cuidado.
Published junio 12, 2026