Jesús no está interesado en una multitud. Él está interesado en construir una iglesia.
En 1945 terminó la Segunda Guerra Mundial. Japón se rindió. La guerra había terminado.
Pero nadie se lo dijo a Hiroo Onoda.
Ubicado en la jungla filipina, Onoda siguió luchando la Segunda Guerra Mundial durante 29 años. Equipos de búsqueda fueron tras él. Él suponía que eran prisioneros japoneses obligados a actuar en su contra. Sus familiares le enviaron fotografías que probaban que la guerra había terminado. Él estaba seguro de que eran fotos trucadas. Incluso aviones lanzaron periódicos desde el cielo anunciando que la guerra había terminado. Él pensó que era propaganda “Yankee”
La noticia más importante del mundo le había llegado, pero no podía escucharla.
Esa imagen me persigue como plantador de iglesias. Porque eso es exactamente lo que Jesús está diagnosticando en Lucas 8.
Las personas de pueblo tras pueblo se están reuniendo alrededor de Jesús. A través de cualquier medida externa, esto es un gran impulso. Parece un lanzamiento exitoso. Pero Jesús no está impresionado. Está a punto de decir algo que todo plantador de iglesias necesita oír: No confundas una multitud con una iglesia.
Puedes reunir una multitud de muchas maneras distintas: buena música, un orador cautivador, o incluso regalando un pony gratis… Pero a Jesús no le interesa reunir multitudes. A él le interesa construir una iglesia.
Y la única manera de construir una iglesia verdadera es mediante la predicación de la Palabra de Dios. Porque cada vez que las personas oyen en la Escritura algo con lo que les cuesta lidiar, tienen que tomar una decisión: ¿Seguiré a Jesús o me seguiré a mí mismo? La Palabra divide el lugar. Algunos se acercan más. Otros se van. Y lo que queda es una iglesia.
Ese es el trasfondo de la Parábola del Sembrador. Y puede que sea uno de los pasajes más importantes y prácticos para cualquiera que esté plantando una iglesia.
La Misma semilla. Diferente tierra.
Un campesino siembra semilla en cuatro tipos de terreno. La misma semilla. El mismo sembrador. Pero cuatro resultados completamente diferentes.
Jesús es explícito: la semilla es la Palabra de Dios y la tierra es el corazón del que oye. Eso quiere decir que la fructificación no es principalmente un problema de estrategia, sino de la tierra. Como plantadores, no controlamos la cosecha; controlamos si sembramos fielmente. El terreno nos muestra los diferentes tipos de corazones y personas que vamos a encontrar mientras plantamos una iglesia.
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Terreno Duro: El Corazón Resistente
Algunos corazones están endurecidos e impenetrables. Observa lo que dice Jesús de este tipo de corazón:
En el momento en que la Palabra cae, de inmediato viene el diablo y se la quita. Esto significa que cada vez que abres la Biblia, estás participando en una guerra espiritual. Satanás intenta arrebatar la Palabra.
¿Has notado con qué facilidad aparecen distracciones cuando se abre la Biblia? Hay una razón por la cual la única vez que alguien oye un tono de llamada en pleno 2026 es durante un sermón. O la gente de repente siente que tiene que ir al baño. Los correos electrónicos llaman la atención. Las redes sociales atrapan a alguien. ¿Por qué tantas distracciones? Porque Satanás odia que se predique la Biblia, y usará cualquier cosa para impedir que la Palabra eche raíces.
No te desanimes cuando la gente no responda. A mí me ha pasado que personas se han levantado y se han ido varias veces a la mitad del sermón cuando he predicado sobre la identidad de género, la sexualidad o el infierno. Está bien. Tu responsabilidad es sembrar. Solo Dios puede hacer que crezca un jardín sobre el concreto. No estás tratando de conservar a una multitud; estás procurando hacer discípulos en una iglesia. Y Jesús parecía estar muy tranquilo cuando las personas decidieron marcharse.
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Terreno Pedregoso: El Corazón Superficial
Este es el tipo de tierra que debería quitarle el sueño a los plantadores de iglesias. El terreno pedregoso recibe la Palabra con gozo. Se involucran en todo. Por fuera se ven sanos. Pero debajo hay roca. Y cuando seguir a Jesús finalmente tiene un costo, desaparecen.
Después del “Great Awakening” (El Avivamiento), le preguntaron a George Whitefield cuántas personas habían sido salvas. Él respondió: «Ya veremos «.Había visto suficiente fe de fuegos artificiales apagarse rápido como para saber que el entusiasmo no es lo mismo que la perseverancia. Cuenta discípulos, no decisiones. No preguntes solamente, «¿Cuántas personas hay aquí?» Pregunta también, «¿Qué clase de personas hay aquí?»
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Terreno con Espinos: El Corazón Distraído.
Jesús menciona tres espinos que pueden ahogar la fe: las preocupaciones de esta vida, el engaño de las riquezas y los placeres de la vida. Ninguna de estas cosas es mala en sí misma; son cosas normales, incluso buenas: carreras profesionales, familia, actividades extracurriculares, metas y aspiraciones. Pero cuando consumen el corazón, ahogan el amor por Dios. El corazón distraído siempre dice, «más adelante me entregaré por completo.» Después de terminar mis estudios. Después de conseguir ese ascenso. Después de la boda. Después de jubilarme. Pero después de tantos primeros lugares para otras cosas, Dios queda en un último lugar muy lejano.
Dios no quiere ser simplemente tu prioridad número uno. Quiere ser el papel sobre el cual se escriben todas tus prioridades.
Para los plantadores de iglesias, esto significa que la cultura de discipulado debe identificar directamente el ídolo del ajetreo excesivo.
Un corazón dividido es la razón más común por la que la gente se aleja en silencio de la fe. Y por lo general, ni siquiera se dan cuenta.
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Buen Terreno: El Corazón Receptivo
Este es tu objetivo y tu esperanza. El buen terreno oye la Palabra continuamente, no solo en una invitación al frente. Se somete, la retiene y construye su vida sobre lo que recibe. Y entonces llega el fruto, no por esfuerzo propio, sino por recibir. La tierra no produce la cosecha. La buena tierra simplemente recibe lo que se le da. Dios es quien da el crecimiento.
Doce son suficientes.
Como escribe Robert Coleman en el “Master Plan of Evangelism» (El Plan Maestro de la Evangelización o el Plan Supremo de la Evangelización): «Jesús no intentaba impresionar a la multitud, sino inaugurar un reino.» Nuestra meta, plantadores de iglesias, nunca debe ser llenar un salón, sino formar un pueblo fiel.
Lo que estás edificando no es una multitud, ni una plataforma, ni una marca. Estás edificando una familia de discípulos, lista para oír la Palabra, aplicarla y dar fruto. Jesús preferiría tener una iglesia de doce discípulos que una multitud de diez mil observadores. Y doce, como la historia ha demostrado, son suficientes para cambiar el mundo.
Hiroo Onoda finalmente depuso las armas en 1974, cuando su antiguo oficial al mando voló a Filipinas y le entregó la noticia en persona. No fue un equipo de búsqueda. No fue un periódico lanzado desde un avión. Fue una visita personal.
¡Qué cuadro tan hermoso del Evangelio! Nuestro Comandante en Jefe nos amó tanto que vino Él mismo, en carne y hueso, y murió para poner fin a la guerra por nuestras almas.
Jesús venció.
Sigue sembrando estas buenas nuevas. La cosecha le pertenece a Dios. La fidelidad, a ti.
Conoce al autor.
Adam Muhtaseb es el pastor fundador de Redemption City Church en Baltimore, Maryland, y se graduó del Southeastern Baptist Theological Seminary con una Maestría en Divinidad. Él y su esposa, Sherrie, tienen cuatro hijos.
Published agosto 31, 2026